Que el Festival de Cine de Nueva York haya incluido ‘Artificial’, una película sobre OpenAI, no es una anécdota; es un síntoma. El cine ha pasado de usar la IA como un efecto especial (el CGI de los 2000) a tratarla como un sujeto filosófico y narrativo.
Como director, me fascina cómo estamos procesando la «mitología» de la IA. Estamos creando biopics de empresas y algoritmos mientras nosotros mismos usamos esos algoritmos para escribir los guiones. Hay una circularidad ahí que es casi poética y profundamente inquietante.
En mis trabajos recientes, he empezado a integrar la IA no para ahorrar costes, sino para explorar estéticas que antes eran imposibles. Pero hay una diferencia entre usar la IA para crear una imagen y hacer una película sobre la IA. El reto de ‘Artificial’ es evitar caer en el cliché del «robot que quiere ser humano» y centrarse en la verdadera tensión: la pérdida de control del creador sobre su creación.
Creo que estamos entrando en una era de «cine meta-algorítmico». Películas que reflexionan sobre la herramienta que las ayudó a existir. Esto cambia la forma de dirigir porque ya no buscamos solo la verosimilitud, sino la transparencia sobre el proceso.
Mi reflexión es simple: si la IA es la protagonista, el director ya no es quien controla la acción, sino quien cura la coherencia de una realidad sintética. Es un cambio de paradigma total en la narrativa audiovisual.
Fuente original: IndieWire